viernes, 29 de abril de 2011

Mi disonancia cognitiva y yo; el consumismo (VI)

Un capítulo más con el tema de moda, la disonancia cognitiva, solo que en este caso me centro más en hablar del consumismo en sí mismo que en la disonancia que hay detrás. Vivimos en una sociedad consumista, y por tanto somos consumistas. Ya nos he llamado egoístas, y puede que duela. Llamarnos consumistas también puede tocar la fibra sensible. Pero lo somos, puede que otros más… pero eso da igual. Yo lo soy y me cuesta mucho serlo menos. Pero lo intento.
Y necesito comentar, que la imagen encontrada para la entrada, ¡me parece cojonuda!

Veamos, comprar más no significa ser consumista (aunque esté fuertemente asociado). Para mi la diferencia clave está en la necesidad de la compra. ¿Necesitas lo que vas a comprar? Muchas veces no. Pero eso es complicado verlo o evitarlo. Deseamos comprar algo y hasta que no lo compramos no estamos a gusto. Cuando compras algo por necesidad real y objetiva, no sería consumismo (a mi forma de entender).
Preguntas clave antes de comprar algo (material, ignoremos pagar por cuestiones culturales, etc.) son ¿lo necesito realmente? ¿para qué? ¿porqué? El tema es que siempre que se compra algo, tenemos respuestas a esas preguntas. Muchas veces minuciosamente argumentadas. Y aquí entra la disonancia cognitiva del consumidor. Existe antes de comprar y tras haber comprado. Veamos rápidamente las dos:

Antes de comprar: se nos pasa por la cabeza comprar un nuevo artículo. Empezamos a desearlo, pero aunque sepamos racionalmente que no es necesario (por ejemplo, ya tenemos uno) empezamos a ponernos excusas para poder satisfacer el deseo de tenerlo (está muy estropeado, el nuevo funciona mejor…).

Tras la compra: compramos algo, y al poco tiempo le vemos problemas, no cumple expectativas o vemos que realmente no tiene uso. Pero nos ponemos excusas para calmar esta disonancia entre algo que hemos hecho y el saber que no debiéramos haberlo hecho (así tengo uno de repuesto, al menos tengo uno, puede que me sirva en otro momento, al menos el diseño es precioso, siempre tienen algún fallo…)

Pero no sólo hay que afrontar este problema “personal”. Somos responsables de comprar desmesuradamente cosas que no necesitamos, pero desde fuera nos echan una mano (y no quiere decir que esto nos exima de la responsabilidad).
Me refiero al marketing y la publicidad. Se encargan de darnos razones, muchas veces absurdísimas, para comprar algo nuevo o cambiar el antiguo. Se suman a las que podamos tener propias, y muchas veces hacemos esos argumentos como nuestros. Te compras otras zapatillas porque esas son específicas de tenis… y puede que las antiguas también valiesen. O simplemente cambian el diseño y está más a la moda (los cambios de moda son ideales y necesarios para fomentar el consumismo). Resaltan las novedades de un producto hasta el punto de que tu antiguo mp3 parezca inútil… y las funcionalidades nuevas luego son una pollada. De forma que lidiamos con un problema externo complicadísimo y que requiere de un análisis y espíritu crítico continuo.

Pero es que encima, aun controlando la disonancia cognitiva, las excusas que nos ponemos o las que nos hacen creer… nos colocan excusas reales, nos obligan a comprar gracias a la obsolescencia programada. Se nos estropean antes de lo necesario y por tanto hay que comprar uno nuevo (destacar el documental "Comprar, tirar, comprar" que casi diría de obligado visionado en estos tiempos... de hecho, es gratis, así que ¡os obligo a verlo!).
Estamos cada vez más en una cultura de la sustitución completa. Si se estropea algo, compras uno nuevo.
Se repara cada vez menos, cada vez sabemos arreglar menos las cosas. O en los talleres directamente sustituyen toda una pieza en vez de arreglarla. Aquí podemos intentar hacer algo, desde la denuncia hasta el aprendizaje de reparar cosas. Un ejemplo tonto: a coser. Otra forma; a no desechar un objeto estropeado pero que puede seguir cumpliendo su función (aunque no de forma óptima). Evitar el impulso y la ilusión por lo nuevo, cuando lo antiguo vale perfectamente. No dejarse llevar por la moda, que cambia constantemente para "obligarnos" a comprar cosas nuevas... por poner ejemplos.

Y recordad lo que ya he dicho alguna vez, consumir no suele hacer feliz. Da un placer momentáneo y efímero.
He hablado de mucho más que de disonancia cognitiva, pero la entrada era una buena excusa :)

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