lunes, 11 de abril de 2011

Ser feliz en el trabajo

Un conocido que consiguió su plaza de oposiciones como profesor de secundaria me comentó que “por mucho que te guste la educación, terminas siendo esclavo del trabajo”. Esto implica no querer ir a trabajar y estar obligado a ir. Creo que esa sensación la hemos tenido todos, ya fuera en la escuela, instituto o por tener que ir a una boda que no te apetece.

Este curso me descubrí con una apatía brutal a empezar de nuevo a dar clases de Pilates. Otra vez a preparar clases, a la monotonía de los ejercicios, a aguantar usuarios poco agradecidos, etc. No hay que ser muy listo para ver que no era la mejor manera de empezar, me iba a amargar enseguida y lo más probable es que descuidara mis clases y por tanto el servicio que ofrezco a los usuarios.

En cierto modo hay que aceptar que gran parte de lo que hacemos en la vida no es justo y exactamente lo que nos apetece. No siempre vamos a trabajar cuando nos apetezca y en lo que más nos ilusione. Pero creo que esto no debe vincularse a ser infeliz. Si basas tu felicidad en alcanzar este tipo de metas, tienes muchas posibilidades de no serlo nunca. Creo que hay que aprender a ser feliz con el trabajo que tengas, aunque siempre aspires a uno mejor y de forma secundaria prepares un cambio.
Esto quiere decir, aprende a disfrutar de cualquier cosa, incluso de las que a priori no te gusten y estés obligado a hacer. Es aplicable al trabajo y a cualquier cosa, pero la continuidad y rutina que tiene el trabajo hace que sea más fácil planteárselo e ir intentándolo durante los días. Y por otro lado, y evidentemente, hay que buscar los cambios de vida que creamos nos ayudarán a ser más felices. Pero diría que funciona de forma secundaria.

Conforme releo los dos últimos párrafos parece que estoy diciendo “señoras y señores, debemos ser conformistas para ser felices”. Y debo matizar, una cosa es conformarse con lo que se tiene, y otra muy diferente el intentar disfrutar lo que no nos gusta mientras se busca algo mejor. Y claro está, no por empezar a estar a gusto en dicho trabajo, relajarse en nuestras aspiraciones. He intentado simplificarlo y es algo más complejo, pero creo que la idea se entiende con estas matizaciones.

Yo estoy preparando oposiciones, para tener un trabajo que creo me llenará más y encima es más estable. Pero no puedo descuidar el intentar ser feliz durante el proceso, ya que puede que hasta dentro de 4 o 5 años no esté en el patio de un instituto.

He conseguido disfrutar de las clases que doy (no siempre en todas). Reconozco que lo que más me cuesta es el arranque de ir al trabajo, pero una vez allí, hay mil detalles que puedo disfrutar en vez de pasarme los minutos pensando las ganas que tengo de salir.
Disfruto de la música que pongo en clase, aprovecho para hacer yo mismo algo de ejercicio, tengo unas vistas a la naturaleza desde las cristaleras y, sobre todo, disfruto el trabajar con personas. Y este último punto es importantísimo. Doy un servicio a la gente, cuánto mejor lo haces, más satisfechos salen, mas me lo agradecen y más me llena. Cuanto más me preocupo por hacer mis clases buenas, mejor me siento conmigo mismo y más reconfortante es terminar la clase.
Intento aportar un poco de todo lo que sé, enseñar a cuidar los aspectos físicos del cuerpo, mejorar su salud, hacer que salgan mas relajados y a la vez cansados físicamente… en fin, aprender a disfrutar de un trabajo bien hecho, que siento que aporta algo a la sociedad.

Y de ahí parte mi interés por la educación, creo que es la mejor manera de sentir que aporto algo al mundo. Puede que en un instituto y con ese volumen de alumnos aporte bastante más… pero mientras tanto, intentaré disfrutar con el granito de arena que puede ser las clases de Pilates en las vidas de mis usuarios.

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