viernes, 8 de abril de 2011

Mi disonancia cognitiva y yo; discusiones sobre política (IV)

Sólo él llevará razón
Es sorprendente cuán frustrante puede ser una discusión sobre temas políticos, económicos, sociales, etc. Incluso con personas con las que te identificas ideológicamente, se terminan en verborreas absurdas que no llevan a ninguna parte. O como en mi caso, llevan a la frustración por no poder tener una conversación civilizada.
El escenario lo conocemos todos. Sale un tema candente, e independientemente de los conocimientos al respecto, se empieza a opinar.

Generalmente nuestra defensa viene por un posicionamiento previo, o casi inmediato al inicio de la conversación. Se establece un objetivo personal claro: convencer a los demás. El resto de la conversación muchas veces sobra.
Cada uno defiende su postura a muerte, da igual lo buenos que sean los argumentos externos. Cada uno se centra en buscar peros a las teorías ajenas y crear nuevos rebates a lo que dicen los demás. Básicamente nos centramos en buscar argumentos para defender nuestra posición, en vez de defender esa posición por tener una serie de argumentos.
Los ataques cada vez más se toman a lo personal, y se genera un ambiente altamente incómodo. Es un poco exagerado, pero es la tónica que impera generalmente.

Si habéis leído el resto de entradas sobre disonancia cognitiva, éste es el clásico ejemplo. Se crean disonancias entre lo que hemos hecho o pensado y argumentos externos que si analizáramos sabríamos que son correctos. Nuestro cerebro se defiende de esa situación tensa buscando el autoconvencimiento de que nuestro posicionamiento realmente es el correcto. Cuanto más defendemos, más nos convencemos de que nuestra elección es la correcta.

Estas situaciones han hecho que crezca en mí un rechazo enorme a debatir estos temas… cuando realmente es lo más sano del mundo y cómo, en teoría, se aprende. Pero me parece muy derrotista pensar “ya no discuto de estos temas porque siempre se termina liando”. Me considero bastante inculto al respecto, y de estas conversaciones se saca mucha chicha.

Ya lo decía Extremoduro, “…para ganar cuando hay algún conflicto, hay que tenerlos bien puestos en su sitio. Para ceder si te has equivocado, hay que comerse los cojones a bocados…”. Hay que ser capaces de cambiar de postura, de reconocer que es más insostenible de lo que parecía. Y esto es muy, muy chungo.
Una de las claves es empezar por cuestionarse nuestros propios principios e ideas. Concentrarse en escuchar a los demás y buscar lo interesante de su postura y no las debilidades.

Y por mucho que hable, soy el primero que tropiezo mucho en estas situaciones. Pero es gratamente reconfortante cuando caigo en la cuenta durante una conversación e intento buscar una postura mucho más asertiva (fracasando muchas veces). En cierto modo empiezas a plantearte las posturas de los demás como posibles, y eso las hace tremendamente interesantes. Muchas veces complementan tu forma de pensar y le dan otra perspectiva.
Aún así, si el resto de contertulios están obcecaditos en tener razón, es complicado no caer en lo mismo o conseguir que la conversación sea provechosa.
Extrapolable a mil conversaciones no relacionadas con política, pero diría que son las más típicas. Hay que ser conscientes de que, y más en estos temas, rara vez estamos en lo cierto. Por ello debiéramos partir de la duda en nuestras propias ideas antes que de las ajenas.

1 comentario:

  1. Miedo me dan las conversaciones de política que escucho ultimamente...en fin, yo he optado por no hablar con gente que no escucha, supongo que se puede ver como una postura cobarde pero no me enriquece hablar con paredes, y eso que me gustan este tipo de temas para charlar e intercambiar opiniones. Es una pena que se cree tensión cada vez que salen y al final no se dialogue en condiciones...Si así se hiciera quizás saldrían más soluciones a los problemas!!!

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