lunes, 28 de marzo de 2011

Redescubriendo el tren

Cuándo se asentó la decisión por parte de mi novia de irse a trabajar a Sevilla, uno de los problemas que me planteé fue como lidiar con 5 horas de coche (en total). En mi primer viaje descubrí lo infernal del asunto. Escuchar música entretiene un rato (en el coche), pero no llena lo suficiente. Necesitas demasiada atención a la carretera, debía asumir 5 horas de productividad cero.
 
Hasta que descubrí lo maravilloso del viaje en tren. Se ha convertido en mi mayor momento de productividad mental, de reflexión, de meditación, de tranquilidad física y metal al mismo tiempo. De lo que parecía un tiempo perdido aparece una oportunidad estupenda.
No me marea, luego puedo leer o usar el ordenador. Es la clave. Con el portátil veo vídeos, escribo cosas en el blog, leo libros o simplemente duermo.
Tiene algunos peros, cómo el no poder elegir asiento (al menos por internet), con la consecuente aleatoriedad a la hora de pasillo o ventanilla, o el detalle de que las papeleras están poco a mano y casi escondidas (en relación a aquel chicle olvidado). Pero mil veces mejor que lo que se me planteó en un principio, contando con que yendo solo en coche el precio de gasolina es exactamente lo que gasto en el tren (que podría ser algo más barato ya que estamos).
Cuando hice el InterRail pensé que me encantaba el tren como medio de transporte. Ha sido estupendo recordarlo.

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