El otro día al llegar a casa tenía un grupo de futboleros viendo el Arsenal-Barcelona en mi cuarto. Cómo no me quedaba otra que esperar, me entretuve viendo los últimos 10 minutos de partido. Pude observar como los seguidores del Madrid preferían que ganara el Arsenal antes que un equipo español. Me sorprende, ya que el patriotismo es un sentimiento muy arraigado, incluso de forma inconsciente para los que no se consideran patrióticos.
La elección del equipo de fútbol al que se sigue (escribe un no seguidor del deporte espectáculo en general) suele hacerse de joven y no suele cambiarse (encima te tachan de chaquetero). Se sigue al equipo de los padres, el contrario al del hermano mayor, el que está de moda en el colegio, el de la ciudad donde se vive… Rara vez se analiza qué equipo es mejor, cuál tiene unos principios más interesantes, etc.
Una vez hecha la elección se sigue de forma casi incondicional. Da igual que le vaya bien, que pierda o que le quiten a tu jugador favorito.
Y aquí otro detalle interesante, da igual que cambien media plantilla cada año, que se vaya el entrenador o que el presidente del club se jubile. Uno sigue a la entidad en sí hasta el infinito.
Y la reflexión, sin querer darle muchas vueltas, es que me recordó a la política. Hay una gran cantidad de gente que es “de un partido”. E igualmente, esa decisión se toma en un momento y tiende a no cambiarse. Las razones de elección son quizá más complejas.
Da igual que cambien a los representantes, que sus ideales se tuerzan completamente, que unos cuantos de la plantilla sean corruptos... seguirás alegrándote si tu partido sale elegido, como si consigues ganar la Champions.
No es una analogía en toda regla, pero en su momento me vino esa reflexión, y al menos da para un par de vueltas más. Me hace pensar que hay muchísimas cosas que damos por sentadas, elecciones del pasado que no nos replanteamos y puede que ahora cambiásemos si analizáramos la situación.

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