Recuerdo cómo desde mi adolescencia he pasado noches enteras con mis colegas cambiando el mundo y hablando sobre desarrollo personal. Es cuanto menos graciosa la sensación que tenía en aquel entonces de sentirme alguien por el hecho de plantearme tantas cosas, de sentirme un poco “por delante” de otros que yo creía no se cuestionaban todas esas cosas (pequeño ignorante). Ahora me siento al contrario, veo demasiado camino por recorrer, y uno de los trayectos es la evolución de mi razonamiento moral, de cómo planteo lo justo e injusto, lo bueno y lo malo, etc.
El origen de ésta y las próximas entradas es el señor Lawrence Kohlberg, que se dedicó a investigar la evolución moral de las personas, diferenciar niveles o estadios de moralidad genéricos e independientes de la cultura y ver cómo educar para alcanzar niveles más superiores. Hay ciertas cosas que me rechinan, pero leer sobre estos niveles te hace reflexionar mucho sobre tu propia evolución y hacia donde debieras aspirar.
En esta primera entrada voy a resumir un poco las ideas que me parecen más interesantes y en posteriores hablaré de cada uno de los niveles. Intentaré hacerlo desde una perspectiva personal, ya que hay páginas y libros que lo explican con un lujo de detalles que no me voy a molestar en intentar superar. Además, he de matizar que no soy un experto en filosofía y mis definiciones y explicaciones salen de lo que he ido entendiendo al leer sobre el tema.
Siempre que actuamos o tomamos decisiones, buscamos una justificación que lo apoye. Los principios de los que parten esas justificaciones son los que van a construir nuestra moral, son los que nos ayudarán a decidir qué está bien y qué está mal. Como es de esperar, esos principios van cambiando a lo largo de la vida, desde los cambios evidentes de un niño, el hervidero que supone la adolescencia y la dificultad de madurar en la etapa adulta.
Así, nuestra moral la tenemos generalmente asentada y la utilizamos de forma casi inconsciente. Muchas veces no ponemos nuestra parte racional a evaluar todas las variables implicadas. Aplicamos las reglas morales que tenemos y punto. Y esto tiene un vínculo importantísimo con la disonancia cognitiva, pues muchas de las autojustificaciones que nos hacemos se basan en estos principios morales. Muchas veces nos rebajamos de nivel con tal de reducir esa disonancia. Cuándo desarrolle un poco los niveles, pondré ejemplos para que quede más claro.
Como he comentado, Kohlberg se dedica a buscar que razonamientos ante juicios morales son comunes entre las culturas y así poder definir unos esquemas universales de razonamiento.
Los dividió en 6 etapas, que en cierto modo evolucionan del egoísmo infantil hasta el altruismo más maduro (lo cuál me recuerda enormemente a la escala de involucración humanitaria). Estas etapas me parecen lo más interesante, conocerlas e ir descubriendo nuestra propia evolución o en cual nos podríamos situar (y cuesta ser humilde). Como dato interesante, estudios afirman que solo el 25% de los adultos llegan al tercer nivel y un 5% al 6º y último nivel.
Según el autor se pasa progresivamente por estos niveles sin saltarse ninguno. Esto lo pongo más en duda. En teoría una vez que alcanzas un nivel, rara vez bajas a inferiores, solo cuando no se ha asentado bien el anterior. Dudo mucho sea algo tan estricto. De hecho podemos estar en un nivel un día y al siguiente en otro en función de nuestro estado emocional… pero como base está interesante.
Al hacernos adultos tendemos a estancarnos y no evolucionar. Por ello creo que conocerlos ayuda a replantearse cosas y seguir aprendiendo.
En las próximas entradas que describa estos niveles o etapas, imagino que este post quedará bastante más claro.


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