domingo, 20 de marzo de 2011

Mi disonancia cognitiva y yo; la procrastinación (III)

La procrastinación es un arte que pocos conocen y muchos practican. Procrastinar es dejar las cosas para más tarde, es la antítesis de “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, es una forma de vida que te atrapa y te apesumbra cuanto más la practicas. Pero antes de seguir escribiendo, me voy a echar una partidita al Starcraft...


Personalmente, es un increíble problema con el que lidiar. “Luego lo friego”, “meriendo primero y luego me pongo”, “mañana lo hago, si hasta el viernes hay tiempo”... Gracias a ella, he estudiado mucho las noches previas a los exámenes, he jugado intensamente a videojuegos cuando debiera estar trabajando o, como hoy, casi pierdo trenes por ir alargando el salir de casa.

Lo peor es que detrás de toda esta maravilla, creo, está mi querida disonancia cognitiva. Sabes que debieras ir al banco (y por ejemplo preguntarles qué hacen con tu dinero ;), pero estás más a gusto en casa, fuera hace frío y hay que caminar 5 duros minutos a la intemperie. Conflicto de intereses in your head y comienzan las autoexcusas hiper razonadas a rebotar en tu cráneo. Cuáles sean da un poco igual, el problema es que las creemos como si su origen fuera la conclusión tras horas de razonamiento. De hecho podríamos defenderlas si alguien nos preguntara “porqué no vas al banco”, incluso enfadarnos si siguen insistiendo, aun sabiendo que la idea de ir al banco es más razonable que la de no ir.
Un ejemplo de esto último puede ser una situación cotidiana en la que esa decisión de dejar para más tarde algo, implica a más de una persona. Decides lavar los platos más tarde (sabiendo que debieras hacerlo en ese momento). A la noche cuando tu compañero/a de piso quiere cocinar, se encuentra todos los platos recubiertos de suculenta comida reseca. Ante la esta situación, comienzas a elaborar estupendas excusas, que crees y defenderías hasta la muerte, que pueden llevarte a una discusión extremadamente tonta.

La disonancia cognitiva nos impide reconocer errores, nos impide muchas veces pedir perdón, nos alarga las ansiadas ganas de encapucharnos y salir a la calle a encerrar malhechores. Un buen primer paso para muchos de los cambios personales, es conocer el proceso psicológico que subyace detrás, para poder ir detectándolo y controlándolo con nuestra sobreestimada racionalidad.

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